Ivette Vian es cubanísima. Alimenta la fantasía de los más jóvenes con su estilo de narrar muy peculiar, cargado de fantasía y de un lenguaje tan rico como cubano. Es la creadora de “La Sombrilla Amarilla”, uno de los programas infantiles de la Isla con mayor éxito. Libros como “Del Abanico al Zunzún”, “La Marcolina” y “Cartas a Carmina”, hacen de la escritora una de las más leídas por público de todas las edades en varios países.

“Yo estudié historia del arte pero nunca pensé ser historiadora. Elegí la carrera por placer, por disfrutar de las clases. Comencé a escribir a los trece años, siempre tuve claro que iba a dedicarme a la literatura”, declara con una sonrisa.

Aunque es conocida por sus libros y cuentos infantiles, Ivette Vian ha escrito para adultos…

“Soy un fracaso… Bueno no un FRACASO, porque fui durante 20 años periodista para el turismo y estoy muy orgullosa de eso.

Además, he escrito poesía para adultos que nunca fue aceptada. Cuando la leen, las personas me cuestionan, o me dicen ‘sigue escribiendo para niños, deja eso’, como diciendo que no sirve lo que hago. Eso me da mucha inseguridad.

A veces, me comunican que van a publicar los poemas eróticos que he escrito -muy fuertes, aunque a mi me encantan-  y después que los leen los rechazan. Me gustaría dar a conocer mi poesía y mucho más la erótica; tengo un libro publicado de poesía para adultos sobre la brigada Conrado Benítez que recibió una mención en un concurso; sin embargo un muchacho joven me dijo que esa poesía que yo había escrito era ‘panfletaria’.

-Usted tiene un epistolario que se ha editado muchas veces, titulado “Cartas a Carmina” ¿Quién es Carmina?

Es mi nieta, estudia arte en Boston. Yo siempre quise tener más hijos, así que cuando ella nació yo me sentí muy feliz. Sin embargo emigró con sus padres. Yo la quiero mucho, ella viene a verme algunas veces en el año, pero ese pequeño tiempo que pasamos juntas no es suficiente”.

-La cubanía es una característica por excelencia de la obra de Ivette Vian…

“Me encanta escribir así, muy local, refiriéndome a lugares del país y su gente. Escribo para los niños cubanos y pienso que escribiendo localmente la obra puede convertirse en universal, igual que se universalizó Mickey Mouse. Todo o casi todo se escribe localmente y con el tiempo puede trascender sus fronteras.

Por otra parte, comercialmente, hay editoriales que no quieren lo cubano. Eso me sucedió con ‘Una vieja redonda’- que en ese entonces se titulaba ‘Quelita’- que obtuvo una mención en el concurso Norma Fundalectura, de Colombia. No recibió el premio porque, aunque era una buena obra, era demasiado local.

Lo cubano se publica mucho en el extranjero cuando es una crítica y mis libros no tienen eso, al contrario; por tanto a muchas editoras no les interesa”.

-¿Sus personajes son basados en gente que conoce?

Sí, casi todos son reales, algunos gente de mi familia.

Por ejemplo, hice la saga de mis parientes maternos que es ‘Una vieja redonda’. En ese libro cuento la historia de mi abuela Micaela, la única que conocí. Ahora estoy escribiendo la saga de mi familia paterna.

Además, cuando hacía periodismo, viajaba mucho por Cuba, visité  pueblecitos, eso me fascina y conocí cantidad de personajes. Hacía mis apuntes, después los desarrollaba e inventaba historias sobre ellos. Eso es lo que más conozco, escribo sobre mi mundo”.

¿Y Marcolina, quién era?

“Marcolina era la maestra de mi mamá. Mi madre, desde  que yo era pequeña, me contaba: ‘yo tuve una maestra que se llamaba Marcolina Griñán’.

Siempre oí hablar de Marcolina Griñán, en realidad nunca la conocí. Así, cuando fui a hacer el proyecto de ‘La Sombrilla Amarilla’, me resultó tan lindo ese nombre, que lo utilicé.

La Marcolina, fue originalmente un cuento que se publicó en Pionero en los años 60, cuando yo tenía 23 años.

La historia la hice de un tirón y nunca la he arreglado. No puedo decir como me salió ni por qué. Entonces, más de 20 años después, hice ‘La Sombrilla Amarilla’ inspirada en ese cuento de la Marcolina: una señora que vive sola y recibe en su casa a todo el mundo y pasan cosas mágicas en esa casa, a partir de esa idea hice el programa.

-¿Cómo llega a la televisión?

En televisión si he hecho muchas cosas para adultos. Lo primero que escribí fue un programa para adultos llamado “Conversando”, conducido por una chilena exiliada en Cuba llamada Mireya la Torre, una mujer de una elegancia y una inteligencia increíble. La directora de ese programa fue Cuqui Ponce de León, fundadora de la televisión.

Con ellas dos aprendí muchísimo. Yo nunca había entrado a un estudio, de hecho Cuqui me hizo llorar varias veces porque era muy fuerte, me regañaba; y Mireya la Torre venía de la televisión chilena. Ambas sabían muchísimo sobre televisión e hicimos un programa fabuloso

-¿Por qué no se hicieron más capítulos de ‘La Sombrilla Amarilla’?

“Me informaron que no se iban a hacer más, aunque yo no estaba de acuerdo. Argumentaron que debía terminar con ‘La Sombrilla’ y empezar un programa nuevo. No es fácil tener el éxito de ese programa, ¿cómo van a interrumpir un programa en su momento cumbre? Eso es absurdo”.

-¿Tiene algún proyecto nuevo para televisión?

“Sí, se lo envié a Mariela López, la directora de ‘La sombrilla amarilla’ y está aprobado. El programa se llama ‘Calle Calleja’, pero no he hecho ni el primer guión.

Puedo adelantar que no es protagonizado por una mujer, sino por un hombre, un piloto que maneja un avión tanque con el que riega los bosques que están secos, los desiertos y apaga fuegos.

‘Calle calleja’ es una calle donde la gente vive en sus casitas y este aviador vive en una azotea, ahí parquea el avión y suceden cosas mágicas.

Tengo este proyecto, sí, pero en realidad estoy un poco negada a seguir en televisión. Quiero retirarme a escribir mis libros nada más, soy muy haragana…”

-¿Qué le gusta hacer a Ivette Vian además de escribir?

Leer, salir a comprar, o mejor pescar los libros en las librerías de vendedores viejos. Además me gusta conversar con mis amigos y celebrarlo todo: siempre que podemos hacemos una fiestecita.

Además, publicar los libros me encanta, pues cuando lo hago me siento muy bien.

Aunque claro, también me gustan los animales. Siempre he tenido peces y perros. No puedo vivir sin mis perros. De hecho estoy escribiendo un libro de cuentos que se llama ‘Los perros de mi vida’.

-¿Puede adelantar algo sobre ese libro?

“Los perros de mi vida’ es un libro triste, porque cuento la muerte de los perritos. Tiene dos partes: la primera son historias de mis perros y la otra los perros de mis amigos, los de mi hijo”.

-“Del Abanico al Zunzún”, es un diccionario para niños ¿Cómo se le ocurrió escribirlo?

“En realidad no fue mi idea. Se le ocurrió a Antonio Orlando Rodríguez que ahora vive en Miami. Él es muy exitoso como escritor para adultos aunque empezó escribiendo para niños.

Antonio Orlando fue un niño que me leyó y después escribía conmigo. Entonces se le ocurrió escribir un libro entre tres: Froilán Escobar, él y yo. Íbamos a hacer un diccionario entre los tres, pero ellos tuvieron diferencias y desistieron de la idea.

Entonces me quedé con mis palabras yo sola y lo publiqué. Siempre se concibió así pero claro, las palabras de Antonio Orlando eran muy diferentes a las de Froilán y las mías. Iba a ser mucho más variado entre tres, pero no pudo ser”.

-Si por un momento tuviera la sombrilla amarilla, ¿qué le pediría?

“Que me hijo y mi nieta volvieran a Cuba, es mi mayor dolor y mi mayor deseo”.

-¿Tiene algún libro engavetado que quisiera publicar?

“Tengo un libro que para mí es fascinante y me lo han rechazado como en tres concursos. Lo sigo mandando porque estoy segura que es muy bueno. Es un epistolario, llamado “Cartas al Conejo Blanco”. Contiene misivas a personajes como el conejo de Alicia, Pulgarcita, Cenicienta… Son un montón de cartas a personajes cuentos infantiles, muy filosóficas. Me parece que como es tan novedoso la gente lo rechaza”.

Anuncios