Por Ernesto Guerra

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La más taquillera de la historia, es la reseña que sobre Avatar, el último filme de James Cameron, reflejan muchos medios de comunicación actualmente.

La película es algo diferente en lo que materia de ciencia ficción se refiere: no cuenta la historia de crueles seres con armas desintegradoras que acabaran con la especie humana, sino todo lo contrario; podría considerarse hasta un poco anticapitalista.

El mismo argumento guarda estrecha relación con los sucesos más recientes en la historia de la humanidad: las guerras del Medio Oriente. En este caso, Cameron, quien además de dirigir del filme escribió el guión, nos lleva a Pandora, un planeta exótico muy similar a la Tierra, donde existe una civilización (los Navi) que viven sobre el yacimiento del mineral que pudiera resolver la crisis energética de la Tierra.

Claramente los recursos naturales mueven a los imperios a la guerra y la conquista de tierras lejanas, tal como en Irak y Afganistán.

Por otra parte, encontramos que la estrategia terrícola es mezclarse con los habitantes de ese planeta e imponer su cultura mediante la construcción de escuelas y centros para la enseñanza de idioma y las costumbres humanas.

A pesar de ser virtualmente inferiores en cuanto a tecnología, los Navi representan un peligro para las aspiraciones terrícolas. Estos seres nos recuerdan mucho a los nativos americanos por su similitud en cuanto a costumbres, aspecto , su relación con la naturaleza, la utilización de armas(como flechas), mitos basados en criaturas del bosque…

Por otra parte, Avatar ha acaparado premios en todos los festivales de cine en los que se ha presentado. Su alto valor artístico, reflejado en la dirección de arte y la fotografía sobre todo, nos muestra un mundo que nunca pudiéramos imaginar, con naturaleza propia, todo cien por ciento creíble, palpable. Tal pareciera que realmente fue filmada fuera de nuestro planeta.

El filme nos recuerda que más puede un pueblo que lucha por su bienestar, que un conquistador sólo motivado por la riqueza.

No obstante, hay algunas cuestiones un poco deficientes en la realización de Avatar. Por ejemplo: tras toda la recreación de la naturaleza de Pandora y las costumbres de los Navi, el filme termina abruptamente, con la solución más simple del mundo. En cuestiones de segundos la cinta acaba, dejándonos un poco aturdidos, tratando de averiguar cómo llegó a ese punto la historia. Además, ya podía adivinarse el final desde la mitad de la película. Se esperaba una conclusión más sorpresiva para un filme que desbordaba, hasta ese momento,  una creatividad prodigiosa.

La más taquillera de la historia. ¿Avatar es sólo eso?

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