En cualquier calle cubana decir ¨Chamaco¨ puede hacer voltear la cara a muchos jóvenes, ya que esa palabra es comúnmente utilizada en la jerga popular para identificar esta generación.

Abel González Melo, joven dramaturgo cubano, le otorga este título a uno de los volúmenes de su trilogía Fugas de Invierno y con él ganó la primera edición del Concurso de Dramaturgia de la Embajada de España en Cuba, a finales del 2005. Chamaco es una de las obras más interesantes de la dramaturgia cubana contemporánea.

Con un tono mesurado logra describir ambientes, reacciones y realidades de nuestro día a día. Describe la sexualidad aberrada, desunión familiar, violencia, desvío y oscuridad que, lamentablemente, rigen este siglo XXI no sólo en Cuba, sino en el mundo.

Karen Darín, sale a caminar por su ciudad como todos los días, no trabaja, no estudia, es irreverente, maltrata a sus mayores. La vida para él es la lucha por tener dinero, se prostituye con personas de ambos sexos. Una desafortunada mañana se tropieza con Miguel Depás y lo convida a jugar ajedrez por dinero, aún sabiendo que su oponente no tendría con qué pagarle.

Así se desenvuelve toda la trama a través del funesto desenlace de este juego. Una barrendera loca, un abogado, un policía, un travesti, todos personajes comunes de las calles de nuestro país.

Melo adapta al teatro una historia típica de nuestras fábulas tradicionales, hace literatura de la cotidianidad que nos abraza.

Chamaco fue llevada al teatro por Carlos Celdrán, profesor del Instituto Superior de Arte, crítico teatral y director del grupo Argos Teatro. Por su puesta en escena recibió el Premio Villanueva a mejor espectáculo estrenado en el 2006, según la Crítica Teatral Cubana.

Por otro lado Juan Carlos Cremata, director de la galardonada película ¨Viva Cuba¨, se encargó de llevarlo a la pantalla grande en forma de largometraje.

La segunda parte de esta trilogía tiene por título Nevada y fue llevada a escena por el grupo teatro Rita Montaner. La tercera, Talco, se estrenará en diciembre.

Esperemos próximamente tener más de la sagaz obra de Abel González Melo; esperemos que pronto otro Chamaco nos muestre como desafiar algunas realidades, esas, que en muchas ocasiones nos golpean y ni siquiera sabíamos que existían.

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